“Maestro, haz que pueda ver.” (Marcos 10:46-52)
Desde su ordenación como sacerdote en Zaragoza, en Marzo de 1925, el joven sacerdote Josemaría Escrivá de Balaguer pedía al Señor con insistencia lo mismo que el ciego Bartimeo cuando el Señor le pregunto: “¿Qué quieres que te conceda?: Maestro, que vea.” (Amigos de Dios, 197).
“Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra,” (Mateo 2:11)